Cómo afrontar nuestra propia muerte

24 ago. 2020

El miedo a la muerte es universal, natural y puede acontecer en diversas situaciones de la vida por lo que es importante saber afrontarlo y aceptar nuestro propio duelo antes de que llegue ese irremediable final.

Miedo a la muerte ¿qué tememos en realidad?

Como decía Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.” Efectivamente, vida y muerte es una dicotomía que no debería preocuparnos, pues mientras vivimos no hay muerte y, una vez que desaparecemos, ya no sentimos dolor. Sin embargo, de manera inevitable, lo que realmente nos produce desasosiego puede girar en torno a varios factores:

Ser conscientes de lo que vamos a perder

Saber que ya no podremos estar con nuestros seres queridos, vivir experiencias o separarnos de los bienes materiales que nos producen placer es una de las causas de nuestros temores.

Preocupación por los que se quedan

Sentirnos responsables de las emociones que va a generar nuestra pérdida en nuestros seres queridos también puede ser motivo de sufrimiento.

Miedo al dolor físico o pérdida de facultades

La idea de perder vitalidad, convertirnos en personas dependientes o el desgaste físico por la vejez o enfermedad es otra de las ideas que nos pueden provocar angustia.

Estos pueden ser algunos de los miedos a los que nos enfrentemos, porque recordemos que, una vez muertos, no vamos a sentir dolor, ni pérdida. El miedo, en realidad, es al temor en vida, que nos puede atormentar y del que hay que ser consciente para evitarnos sufrimiento innecesario.

Las etapas del duelo en la propia muerte

Del mismo modo que ante cualquier pérdida, las fases del duelo también se pueden dar cuando nos enfrentamos a nuestra propia muerte. Evidentemente, estas etapas cambiarán según cada persona y sus circunstancias, por ejemplo seguramente aparecerán de manera más intensa si nos enfrentamos a un diagnóstico de una enfermedad terminal. Según la psiquiatra especialista en esta temática Kubler-Ross, pasamos por cinco fases ante la proximidad de nuestro fallecimiento:

  1. Negación
  2. Nuestra primera reacción ante la noticia de que nos queda poco tiempo de vida puede ser de rechazo a la realidad, estamos en shock y somos incapaces de aceptar que lo que nos pasa sea real y de verdad nuestra vida vaya a tener un final cercano.

  3. Ira
  4. En esta etapa, la desubicación inicial pasa por un estado de enfado, que puede ser hacia uno/a mismo/a o hacia los otros, proyectado en formas diversas como rabia, sentimiento de culpabilidad o impotencia ante lo inevitable de la situación.

  5. Negociación
  6. La negociación suele ser con nosotros mismos, prometiendo cambiar cosas a futuro si el pronóstico cambia o, de cara al pasado, pensando qué deberíamos haber cambiado para evitar encontrarnos ante esa enfermedad.

  7. Depresión
  8. Esta es la fase de derrumbe, de inacción ante lo inevitable. Sentimos que nada se puede hacer y nos abandonamos ante la falta de esperanza. Puede ir unida ante una sensación de culpabilidad o de injusticia, por sentir bien el peso de lo que ha pasado, bien no entendiendo el porqué nos está pasando a nosotros.

  9. Aceptación
  10. Esta es la etapa más activa, en la que, conscientes de la situación, vivimos el presente, realizando las despedidas que consideremos o cerrando asuntos pendientes.

Estas etapas pueden no vivirse de manera secuencial y producirse saltos entre cada una de ellas. Identificar en qué momento estamos puede suponer un modo de canalizar nuestras propias emociones, dejando que fluyan y sabiendo que se trata de sensaciones temporales y naturales.

¿Qué hacer para asumir nuestro propio final?

Ante el desasosiego de vernos como seres frágiles y mortales cuya existencia es finita, podemos seguir algunos consejos que nos ayuden a mitigar en cierta forma nuestro sufrimiento y reconvertirlo en sensaciones más positivas que nos permitan vivir con serenidad la llegada de nuestra despedida.

Identificar y expresar a qué tenemos miedo

Como se ha comentado, son varias cosas a las que tememos cuando pensamos en nuestra propia muerte. Hacernos conscientes de cuáles son realmente nuestros temores nos servirá para hacerles frente y quizá minimizar las emociones negativas que nos genera.

Podemos incluso hacer una lista escribiendo todo aquello que nos angustia sobre el tema para encontrarle más sentido. Hablar de ello con nuestros seres queridos o con profesionales también puede aliviarnos y ayudarnos a liberar la ansiedad.

Agradecer lo vivido

Ser conscientes de nuestra propia mortalidad puede darnos fuerza para pensar en todos los buenos momentos que hemos pasado, aprender a disfrutar de esos recuerdos y vivir el presente de manera intensa, disfrutando de lo que verdaderamente nos guste y dejando a un lado las preocupaciones banales.

Cerrar cuestiones pendientes

Ante la sensación de tener temas pendientes, lo mejor es encargarnos de ellos para conseguir paz mental. Puede tratarse de temas económicos o burocráticos, para lo que podemos dejar cerrado el testamento y realizar un seguro de decesos que deje toda nuestra despedida y trámites tras el fallecimiento organizados.

En el caso de ser temas personales, lo mejor es hablar con las personas con las que hemos tenido algún problema, escribirles una carta o similar, que nos ayude a descargarnos de sensaciones de incomodidad ante un asunto sin zanjar.

Quizá encontrando sentido a nuestra muerte, encontremos un sentido a nuestra vida y podamos vivir el tiempo que nos quede en paz y armonía con nuestra propia naturaleza humana, preparados para afrontar con serenidad el último adiós que nos llegará algún día de manera inevitable.

Pubicado en: Elaboración Duelo