Menudo sopapo me llevé aquel día por no llevar a La Moruna cuando volvimos del campo. Y cómo me puse de pulgas.

Hace tiempo me paró un viejo por la calle preguntándome si era nieto de Bernabé el Fiñanero. Me había reconocido porque decía que tenía tus andares. Me sentí la persona más orgullosa del mundo porque siempre he querido parecerme a ti.

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